HISTORIAS

30 Enero, 2012

Más subidas de impuestos para las mismas espaldas

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A un problema de liquidez, una supuesta respuesta basada en la subida de impuestos. Si esta fue la idea central que pasó por la cabeza de nuestros gobernantes durante el último mandato legislativo, el nuevo Ejecutivo no parece haber empezado con un pié muy distinto.

Las cuentas públicas habían ocultado cerca de dos puntos del PIB en concepto de déficit. Y el resultado será que buena parte de ese agujero -superior a los 20.000 millones de euros- lo pagaremos vía impuestos. De momento, lo sufragaremos con una subida del IRPF -tanto para las rentas del trabajo, como para las del ahorro-, y del IBI. Hay que recordar que ambos impuestos han subido ya en su pago efectivo real en los últimos años. Más tarde, quien sabe si tendremos que completar lo que falte con subidas adicionales del IVA, especialmente en caso de que los servicios estadísticos confirmen lo que es un clamor entre los expertos: que el potencial agujero de Andalucía podría hacer rebasar incluso el 8% de déficit recién anunciado en las cuentas públicas nacionales.
¿Es conveniente para la economía una subida como la aprobada? O, por dar más detalles: ¿Es la mejor opción, en un momento en el que las familias arrastran un billón de euros en deuda y el comercio minoristas refleja, con caídas interanuales del 7%, la debilidad del consumo?

En primer lugar deberíamos recordar que esta subida recién anunciada, y que dejará su huella en las retenciones fiscales a partir del mes de febrero, supondrá un peaje de hasta siete puntos adicionales sobre la actual escala del impuesto. De este modo, el tipo máximo del IRPF sobrepasará el 50% alcanzando el 52%. La tributación del ahorro también subirá, para alcanzar un tipo máximo del 27%. La traducción en cuota adicional para los contribuyentes se resume en un impacto neutro o de un máximo de 22 euros anuales para los mileuristas, de más de 400 euros al año para rentas cercanas a los 45.000 euros y de más de 1.300 euros anuales para aquellos salarios que sobrepasen los 70.000 euros. El impacto se dispara a partir de esos niveles de renta.

Pero, al margen de sus efectos directos, también deberíamos recordar la posición fiscal que ocupa España en estos momentos en el ránking de carga tributaria por países.
Ernst & Young ha sido la encargada de elaborar uno de los últimos estudios sobre el nivel de impuestos en los 27 países de la Unión Europea más Estados Unidos y los BRIC. Y sus conclusiones contradicen ampliamente el mensaje generalizado entre la capa política de que en España la carga fiscal es baja en comparación con el resto de países europeos. Así, los tipos españoles del IRPF se encontraban ya antes de este última subida entre los más altos de Europa, donde la media se sitúa en el 37%, cinco puntos por debajo del máximo del 52% operativo con la reforma (todo ello, sin contar con las subidas adicionales del tipo en las autonomías que habían elevado ya su marginal previamente).

Por lo que se refiere al Impuesto de Sociedades, el tipo para las grandes empresas en España se sitúa en el 30 por ciento, una carga de nuevo elevada si se compara con la media del 22,25 por ciento que opera en Europa. Sólo cuatro países quedan por delante de nosotros en llevarse una porción de los beneficios de la empresa: Malta, Francia, Bélgica e Italia. También los BRIC quedan de media por debajo de España, con un 28,25 por ciento.

Tan sólo en los impuestos sobre el consumo salimos ganando frente al esquema estándar europeo. Nuestro tipo general del IVA se sitúa en el 18%, casi tres puntos por debajo de la media de la UE (del 20,69%). De hecho, somos el tercer país de la UE con un tipo más reducido, sólo por detrás de Chipre y Luxemburgo. Razones, pese a las cuales, el nuevo Gobierno ha decidido seguir cargando uno de los impuestos que repercuten directamente en la creación de empleo -cuando tenemos una tasa de paro que roza el 23% según el último dato armonizado de Eurostat-, en vez de hacerlo sobre los que cargan el consumo.
Pero, adicionalmente a estos datos, la decisión del Gobierno de volver a subir el IRPF también parece haber obviado los últimos datos de evolución de la recaudación recopilados por la Agencia Tributaria. Porque en esos datos se observa que, al margen de no haberse creado empleo ni dinamizado el consumo y la economía tras las últimas subidas del IRPF e IVA adoptadas por el Partido Socialista, tampoco la recaudación fiscal ha tenido un alza tan significativa que permita decir que ha compensado el efecto provocado de contracción de la actividad.

Esos datos reflejan que en 2010 la recaudación tributaria gestionada por la Agencia Tributaria ascendió a 159.536 millones de euros, con una subida del 10,8% frente a 2009.
Pero es la propia Agencia la que explica en su informe que, al margen de las subidas fiscales, dos factores explican buena parte de este crecimiento: “la notable reducción de las devoluciones solicitadas en el ejercicio 2009 y devueltas a lo largo de 2010 (en particular, en el IVA); […] y la moderación de la caída de las bases imponibles tras dos años de grandes descensos”.

El propio informe de la AEAT recuerda que ese año “se caracterizó por la recuperación (después de la caìda del año 2009) y por la existencia de dos partes con comportamientos muy distintos dentro del año. El Producto Interior Bruto en términos reales se redujo un 0,1%, frente al 3,7% del año anterior y la demanda interna a precios corrientes, variable más ligada a las bases imponibles que giran sobre el gasto, creció un 0,9%, con una recuperación de más de siete puntos respecto a 2009”. Es más, los propios técnicos destacan que el hecho de que la subida del IVA se adoptase en julio permitió un “efecto anticipación” en el primer semestre que palió “un segundo semestre con un crecimiento más débil, en parte como respuesta a las compras anticipadas y en parte como resultado de las medidas de recorte del gasto puìblico”. El propio informe reduce a sólo 2.000 millones de euros el efecto real en 2010 de la subida de los tipos del IVA. Los datos de la Agencia dejan, además, buena cuenta del impacto en las familias: “las bases ligadas a la generación de rentas sufrieron, en el caso de las rentas de las familias, un deterioro progresivo a lo largo del año”, castigadas, además, por la rebaja del sueldo de los funcionarios.

Pero quizás lo más llamativo sea observar precisamente lo ocurrido en el año que acaba de finalizar, 2011. Porque pasado el ejercicio en el que se impulsó la subida fiscal, el impacto de impulso de la recaudación de aquellas medidas ha quedado neutralizado. Así, hasta noviembre de 2011, el sistema tributario nacional mostraba una evolución prácticamente inexistente (con un avance global de un 0,5%), el IRPF avanzaba 0,7 puntos menos que en 2010, el Impuesto de Sociedades reflejaba, directamente, una caída del 11,4%, el IVA se contentaba con un impulso del 2,5% (casi 44 puntos por debajo del impulso cosechado en 2011), y los Impuestos Especiales caían casi un 4%. El resto de ingresos se desplomaban más de un 6%.

Momento en el cual, es posible que deberíamos preguntarnos si la decisión de subir el IRPF recién adoptada es la más adecuada.

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