HISTORIAS

22 Enero, 2013

Año Nuevo, nuevos cambios

La crisis convierte a los planes de pensiones en un ahorro para casos de desempleo en lugar de cubrir la jubilación


Los ingresos una vez alcanzada la jubilación deberían ser previsibles y no estar sujetos a continuos cambios legales. Sin embargo, cada año arranca con cambios que impiden una correcta planificación financiera de la jubilación. Este año además, las nuevas medidas chocan con uno de los principales principios que debe tener un sistema de pensiones: la redistribución temporal de los ingresos y gastos.

Las pensiones distribuyen el consumo entre la vida laboral y la jubilación de los ciudadanos y de igual manera distribuyen los ingresos fiscales del Estado, posponiéndolos a un momento en que, por el envejecimiento de la población, disminuirá la proporción de empleados que tributen y se reducirá el consumo a consecuencia de que un alto porcentaje de la población vivirá de pensiones bajas.

Son varias las nuevas normas en las que se ha primado el corto plazo, la inmediatez. La primera supone obligar a las empresas a la imputación fiscal inmediata en el IRPF de los directivos en cuyo favor se paguen primas de seguros, que superen 100.000 euros, para asegurar su jubilación. A diferencia de lo que ocurría hasta ahora que se les permitía diferir la tributación de la totalidad de la prima hasta el momento de la jubilación.

Además crea la incertidumbre de si es posible que las empresas puedan retener a sus altos directivos a través de un beneficio ligado a la jubilación. Hasta ahora, para retener a sus empleados clave, las empresas les ofrecían una pensión de jubilación que únicamente cobrarían en el caso de que permanecieran en la empresa hasta que se jubilaran y, para la financiación de esa pensión se pagaba una prima anual que podía superar los 100.000 euros. La aplicación de esta nueva norma implica tributar por unos ingresos que no son ciertos, en este caso condicionados a la permanencia  en la empresa; es como si nos obligaran a tributar por la lotería que nos pudiera tocar en el futuro.

Sin estas herramientas de retención, y con la cada vez más asfixiante tributación (por cierto, la cotización para los salarios superiores a 39.150 euros han subido un 5% en 2013), no sería de extrañar que el “caso Depardieu” se fuera poniendo de moda, con la consiguiente de capitalización de conocimiento, desastroso para nuestra prosperidad.

También se amplían los supuestos en los que se puede disponer del ahorro en un plan de pensiones a los casos de desempleo que tenga como causa la muerte, jubilación o incapacidad del empresario, la extinción de la personalidad jurídica del contratante, el despido colectivo, la extinción del trabajo por causas colectivas y el procedimiento concursal. Las necesidades económicas acuciantes de muchas familias están convirtiendo los planes de pensiones en un instrumento de ahorro para cubrir periodos de desempleo en vez de ahorro para la jubilación.

Por segundo año consecutivo, los funcionarios y los empleados de las empresas públicas no podrán recibir, como parte de su retribución, aportaciones a instrumentos que aseguren la jubilación. No sabemos si en el ejercicio 2014 continuara la prohibición, pero sí sabemos que las aportaciones de los compromisos de prestación definida que no se hagan ahora, se están acumulando y habrá que aportarlas el año en que se levante la prohibición.

Otra medida tomada en 2012 basada en la inmediatez es la eliminación del límite de disposición del 3% del Fondo de Reserva para los ejercicios 2012, 2013 y  2014. Veremos lo que queda en 2015. Me temo que se va a utilizar para posponer la tan necesaria reforma definitiva del sistema de pensiones y para seguir financiando la deuda pública (el 10% del total de la deuda pública está financiada por el fondo de reserva, es decir, por nuestras cotizaciones).

Por último, empieza a entrar en vigor el retraso en la edad de la jubilación, en 2013 se retrasa un mes, solo para aquellos empleados que hayan cotizado menos de 38 años y medio. Se trata de una medida que va en la buena dirección, pero de implantación tan lenta (la edad de jubilación se fijara a los 67 años en 2017) que la deja sin utilidad y que habrá que cambiarla este mismo año.

No esperen más cambios en este 2013, esperemos que traigan viabilidad y estabilidad a nuestros sistemas de pensiones.

 

Director de consultoría de previsión social de March JLT

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