HISTORIAS

25 Febrero, 2013

La guerra de divisas amenaza la recuperación económica




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La devaluación del yen pone en peligro la salida de la crisis en la Eurozona

En un momento en que la economía global aún arrastra la peor crisis financiera desde la Gran Depresión, la respuesta de los principales bancos centrales del planeta recuerda de manera peligrosa a la que se produjo en aquel entonces. En la década de los 30, la mayor parte de los países abandonaron el patrón oro, que hasta entonces había regido el valor de las divisas, para devaluar artificialmente sus monedas, abaratar sus exportaciones y así espolear sus economías para reducir el desempleo. Fue lo que la economista Joan Robinson llamó «políticas para empobrecer al vecino» o para exportar desempleo. Este precedente ahora amenaza con repetirse desde Japón tras ladevaluación del yen dirigida por el primer ministro, Shinzo Abe. Así, desde octubre, la divisa nipona se ha depreciado un 20% frente al dólar y un 26% respecto al euro. Por su parte, el «billete verde» se ha depreciado casi un 4% respecto a la moneda común. Si bien el valor de las divisas suele ir asociado al comportamiento de las economías, los datos no cuadran: mientras Estados Unidos creció en 2012 un 2,2% y Japón lo hizo un 1,9%, la eurozona se contrajo un 0,5%.

«Los bancos centrales están cada vez más desesperados en sus intentos de conseguir un mayor crecimiento de una tarta global que cada vez es más pequeña. Mientras las exportaciones puedan seguir aumentando al bajar los precios, el impacto de los movimientos de divisas continuará», considera Paul Robson, estratega senior de tipos de cambio de Royal Bank of Scotland (RBS).

Las suspicacias entre países no son nuevas. El ministro de Finanzas brasileño, Guido Mantega, acuñó la expresión «guerra de divisas» en 2010 para alertar de las devaluaciones competitivas entre países. La Reserva Federal, mediante sus inyecciones de liquidez orientadas a reactivar el crédito y el consumo, ha sido clave estos años para mantener el dólar a bajo precio frente al euro y el yen, lo que ha ayudado a las exportaciones de la economía norteamericana. Por su parte, Washington lleva años denunciando que el yuan chino está entreun 20% y un 40 % depreciado artificialmente, debido a la agresiva compra de reservas de divisas extranjeras realizada por el Gobierno chino.

En la cumbre del G-20 del pasado fin de semana, los gobiernos acordaron no influir sobre los tipos de cambio. Por su parte, la presidenta del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, negó que existiera una guerra de divisas. Pero el margen para reanimar la economía, con unos tipos de interés cercanos a cero, se ha agotado para las instituciones monetarias. Asi, la depreciación de la moneda puede ser la última salida para alcanzar la recuperación en un momento en que organismos monetarios como la Fed o el Banco de Japón están priorizando el crecimiento y el empleo en su mandato frente a su tradicional objetivo de controlar la inflación. Una situación que deja a un claro perdedor: el euro, cuya fortaleza paradójicamente supone un lastre para las exportaciones de la región.

De esta forma, mientras la Fed, y los bancos centrales nipón y británico han dedicado en 2013, cerca de 1,7 billones de dólares a la compra de bonos, el BCE no ha cedido a las tentaciones de los estímulos monetarios, lo que explica la fortaleza de la moneda común a pesar de la debilidad del crecimiento de la eurozona.

Con un euro apreciado, la recuperación europea se arriesga a postergarse. Más aún cuando la estrategia continental para alcanzar la recuperación pasa por el aumento de la competitividad de las economías del sur de Europa, como España, para así aumentar sus exportaciones. Unos esfuerzos que ahora pueden estar derritiéndose«como la nieve bajo el sol», en palabras de la canciller alemana Angela Merkel, que aún así apuesta por un euro fuerte para así controlar la inflación, a pesar de la oposición del primer ministro galo, François Hollande.

«Cuanto más tiempo tengamos un euro apreciado frente al dólar y al yen, más se retrasará la recuperación», lamenta Emilio Ontiveros, presidente de Analistas Financieros Internacionales (AFI), que aboga por que el BCE aplique una política monetaria más laxa. «Es cierto que nuestro país no es de los más afectados por la apreciación del euro pero sí es de los que más necesitan exportar ante la recesión que sufre», señala Ontiveros. Un 50,5% de las exportaciones de nuestro país tuvieron como destino países de fuera de la eurozona en 2012.

Sin embargo, la desaceleración que se está produciendo en socios comerciales de la envergadura de Francia (16,2% del total de las ventas al exterior) o Alemania (10,5%) empujan a buscar socios alternativos. Por ello, durante el año pasado, los principales aumentos de las exportaciones nacionales se produjeron en África (un incremento del 30%), Iberoamérica (14,9%) y Asia (11,9%).

El ministro de Economía, Luis de Guindos, rechazó el pasado viernes que exista una guerra de divisas. Y recordó que supone una amenaza a la recuperación, ya que puede suele ser la antesala a una guerra comercial y anticipar movimientos proteccionistas.

Juego de suma cero

Las guerras de divisas suelen ser definidas como «juegos de suma cero», ya que no crean actividad económica sino que la desplazan de un lugar a otro. Por ello, el G-20 pidió evitar «devaluaciones competitivas». Sin embargo, el retraso de la recuperación global siembra dudas y el tiempo se agota. Como resume el responsable de divisas de Schroders, Clive Dennis: «Los políticos se están poniendo nerviosos por su supervivencia. Las opciones fiscales y monetarias se han ido explotando y la táctica de empobrecer al vecino se muestra como la única opción disponible. Esto esta provocando guerras comerciales, proteccionismo y la devaluación de las divisas, aunque a nadie le gustan estos términos. Por ello las llamamos guerras de divisas».

Fuente: abc

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